Qué extraño.
Cuesta mucho admitirlo, pero más cuesta negarlo. Cuando sé que si niego, es porque miento, y me refugio en la mentira.
Justo cuando siento que en mi pecho el vacío se convierte en oscuridad, justo cuando pienso en lo que leo, en lo que escucho en mi cabeza, viniendo de él...
Justo cuando pienso que mi torso no puede comprimirse más a causa de mi falta de aire que inconscientemente desaparece de mi cuerpo...
Me doy cuenta de que me está haciendo daño. Mucho.
Tanto...
Que cuando lloro, no quiero mojar las páginas. Porque sé que tengo que leerlo de nuevo, volver a escucharlo en mi cabeza, para asegurarme de que lo que dice, lo dice de verdad.
Nunca pensé que dolería tanto, el enterarme de que, si me hace daño, si me importa, es porque ha conseguido entrar en mi corazón. Es porque tiene un sitio, sólo para él. Porque me he dado cuenta de que, definitivamente, le quiero.
Y eso, por mucho que me duela, no puedo negarlo.
Cuesta mucho admitirlo, pero más cuesta negarlo. Cuando sé que si niego, es porque miento, y me refugio en la mentira.
Justo cuando siento que en mi pecho el vacío se convierte en oscuridad, justo cuando pienso en lo que leo, en lo que escucho en mi cabeza, viniendo de él...
Justo cuando pienso que mi torso no puede comprimirse más a causa de mi falta de aire que inconscientemente desaparece de mi cuerpo...
Me doy cuenta de que me está haciendo daño. Mucho.
Tanto...
Que cuando lloro, no quiero mojar las páginas. Porque sé que tengo que leerlo de nuevo, volver a escucharlo en mi cabeza, para asegurarme de que lo que dice, lo dice de verdad.
Nunca pensé que dolería tanto, el enterarme de que, si me hace daño, si me importa, es porque ha conseguido entrar en mi corazón. Es porque tiene un sitio, sólo para él. Porque me he dado cuenta de que, definitivamente, le quiero.
Y eso, por mucho que me duela, no puedo negarlo.


