domingo, 8 de abril de 2012

El chico del pan.

Qué extraño.
Cuesta mucho admitirlo, pero más cuesta negarlo. Cuando sé que si niego, es porque miento, y me refugio en la mentira.
Justo cuando siento que en mi pecho el vacío se convierte en oscuridad, justo cuando pienso en lo que leo, en lo que escucho en mi cabeza, viniendo de él... 
Justo cuando pienso que mi torso no puede comprimirse más a causa de mi falta de aire que inconscientemente desaparece de mi cuerpo... 
Me doy cuenta de que me está haciendo daño. Mucho.
Tanto...
Que cuando lloro, no quiero mojar las páginas. Porque sé que tengo que leerlo de nuevo, volver a escucharlo en mi cabeza, para asegurarme de que lo que dice, lo dice de verdad.
Nunca pensé que dolería tanto, el enterarme de que, si me hace daño, si me importa, es porque ha conseguido entrar en mi corazón. Es porque tiene un sitio, sólo para él. Porque me he dado cuenta de que, definitivamente, le quiero. 


Y eso, por mucho que me duela, no puedo negarlo.

jueves, 2 de febrero de 2012

Oxígeno

Apunto de estallar, tus pulmones no permiten que el aire llegue al cerebro, bloqueando cada parte de tu ser. Porque sus ojos te han atrapado y no te dejan articular movimiento, sólo existe su mirada. Ver en su interior y descubrir que es ella quien te corta el aliento. Sentir que no necesitas respirar, comer, ni dormir nunca más. Que ella puede llenar todo. Incluso el silencio que se ha apoderado de ruido, del hielo que ha paralizado la vida en el momento en el que las miradas conectaron. Que cuando el mundo siga su curso, puedas dar las gracias a que ella sigue ahí. Justo ahí. Donde puedas observarla y respirar el mismo aire que ella. Donde sientes que puedes hacer lo que sea, hacer cualquier cosa por protegerla. Donde te sientes fuerte, y a la vez débil. Donde ella esté. Apunto de estallar, tus pulmones sueltan el oxígeno que oprimía tu pecho, con el eco de un recuerdo de una mirada de ojos claros.