Y con un beso empieza todo.
Los labios que rozan contra los de ella lo encadenan para siempre, sintiendo que puede desafiar al tiempo y permanecer junto a ella hasta el fin del mundo. Pero no puede. Lo extraño, o fascinante, es que sólo lo admite cuando sus labios se han separado, haciendo entonces que el tiempo prosiguiera su curso con normalidad. No se atreve a soltar el agarre de sus brazos alrededor de ella por miedo a que, aparte del momento eterno que le exigía al tiempo y que éste le ha robado, el destino también intente apartarla de él. Una mano delicada y de tacto celestial se aproxima a su cara y él cierra los ojos para absorber cada una de las sensaciones que le otorga. Se sorprende al ver que es una lágrima lo que limpia la caricia, y se da cuenta de que su dolor también se ha manifestado físicamente. Porque después de la felicidad viene la tristeza. Porque después del placer viene el dolor. Porque después de tenerlo todo sientes anhelo. Por eso. Por todo. Por nada. Porque después de haber probado lo que sabías que no podías, te das cuenta de que fue maravilloso. Y es ahí cuando te preguntas, ¿mereció la pena?
